
Reconozco que soy un fanático de los lugares dónde puedo disfrutar del paso de la historia y de las huellas que ha dejado impregnado en sus calles y sus casas. Pero bueno, que si además puedo disfrutar de unos días de playa y de diversión mejor que mejor. Y Mojácar me ofrece todo esto y más. Por eso no dudé en reservar un hotel en Mojácar, cerca de una de sus mejores playas, la del Palmeral, que cuenta con la Bandera Azul.
Lo primero que percibimos al ver Mojácar es su blanco radiante. Las formas redondeadas de los remates de sus casas, las cúpulas, los minaretes, las escalinatas, los juegos de sombras y luces, completan un conjunto armónico. Para visitar esta localidad hay que olvidarse del coche y disfrutar del encanto de su medieval arquitectura Árabe. Si nos colocamos en el Mirador de la Plaza Nueva, dominamos una impresionante vista del Valle de las Pirámides, desde aquí, podemos ver cómo Mojácar la Vieja, primer asentamiento prehistórico de Mojácar, se sitúa junto al río aguas, el cual desemboca en la laguna, espacio natural protegido, en la playa de Mojácar.
Desde allí la cuesta del Mirador del Castillo, parte hacia la zona más elevada de la ciudad. Bien merece disfrutar unos minutos de tan majestuosa panorámica sobre la costa mojaquera, antes de descender de nuevo a la Plaza dónde partimos hacia la calle Alcalde Jacinto, que nos conduce ante la Iglesia de Santa María, de 1560, antigua fortaleza de grandes sillares de piedra y cuyo interior, sobrio, está abierto en hora de culto.
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